divendres, 8 d’octubre de 2010

Traduir Sòfocles

Rellegint una introducció a l'Antígona em trobo amb aquestes breus i encertades reflexions sobre la dificultat de traslladar els mots prenys de sentit de les seves peces: concisió, aracaisme, claredat, metàfores que esdevenen estranyes. Tot plegat, una aventura.
Sófocles plantea innúmeros escollos al traductor. Su lenguaje, ciertamente, no está cargado de la tremenda fuerza, oracular, ambigua, trágicamente ambigua, de un Esquilo, con sus términos difíciles, raros, extraños, casi incomprensibles ya a los hombres de una generacion posterior al poeta como nos atestigua Aristófanes. Y, sin embargo, la misma claridad buscada por Sófocles, es, indudablemente, un fuerte obstáculo para el osado traductor. La concisión que intenta dar a sus expresiones, y que tiene como resultado un verso apretado, no imposibilita al lector  oirginal la comprensión perfecta. Pero lo que resulta duro es el transplante de esa misma concisión a otra lengua. Un verso de Sófocles difícilmente puede verterse con un verso español o francés; normalmente, el traductor necesita un número mucho mayor de términos. Debe limar una y otra vez, pulir, volver a pulir y , aun después de esa trabajosa tarea, normalmente, el desaliento hace presa de su espíritu. Versos como el primero de la Antígona, tan claros, tan diáfanos para un hablante griego, resultan, una vez traducidos, oscuros o, al menos, ambiguos, rebuscados, artificiales. Y esa afirmación vale tanto para las partes recitadas como para los coros, donde no es ya un problema la simple concisión, sino recoger, en toda su integridad, las constantes metáforas, en no pocos casos, árduamente traducibles. (J. Alsina)