dijous, 23 d’abril de 2009

Borges sobre el virgilià «sunt lacrymae rerum»


Aprofito el post per a desitjar-vos una feliç diada de Sant Jordi. Dec al professor Francisco García Jurado, estudiós prolífic i autor d'un blog realment audaç, les dades que reprodueixo aquí i li agraeixo el permís per a fer-ho. El cas és que, dies enrere, comentava una «anti-Eneida» de Borges en un post del que no se'n pot perdre ni una engruna: imagina com seria un magne poema èpic cartaginès si els romans no haguessin vençut. Quina volta donaria la història? L'escriptor argentí reelaborava, doncs, una suposada Eneida púnica el començament de la qual fóra aquest:
“... Es la hora sin sombra. Melkart el Dios rige desde la cumbre del mediodía el mar de Cartago. Aníbal es la espada de Melkart.
Las tres fanegas de anillos de oro de los romanos que perecieron en Apulia, seis veces mil, han arribado al puerto.
Cuando el otoño esté en los racimos habré dictado el verso final.
Alabado sea Baal, Dios de los muchos cielos, alabada sea Tanith, la cara de Baal, que dieron la victoria a Cartago y que me hicieron heredar la vasta lengua púnica, que será la lengua del orbe, y cuyos caracteres son talismánicos.
No he muerto en la batalla como mis hijos, que fueron capitanes en la batalla y que no enterraré, pero a lo largo de las noches he labrado el cantar de las dos guerras y de la exultación.
Nuestro es el mar. ¿Qué saben los romanos del mar?
Tiemblan los mármoles de Roma; han oído el rumor de los elefantes de guerra.
Al fin de quebrantados convenios y de mentirosas palabras, hemos condescendido a la espada.
Tuya es la espada ahora, romano: la tienes clavada en el pecho.
Canté la púrpura de Tiro, que es nuestra madre. Canté los trabajos de quienes descubrieron el alfabeto y surcaron los mares. Canté la pira de la clara reina. Canté los remos y los mástiles y las arduas tormentas...

Berna, 1984.”

(“Fragmentos de una tablilla de barro descifrada por Edmund Bishop en 1867”, Los conjurados [O.C. III, p. 468])
No menys interessant pot ser la presència del vers 46 del llibre I de l'Eneida en diferents escrits borgians. Així, pensar en la impressió (el verb tangere hi és en un sentitrealment praegnans) de qualsevol vers sobre l'esperit humà provoca en Borges un comentari com aquest:

“Dos deberes tendría todo verso: comunicar un hecho preciso y tocarnos físicamente, como la cercanía del mar. He aquí un ejemplo de Virgilio: sunt lacrymae rerum et mentem mortalia tangunt.”

(J.L. Borges, “Prólogo”, La rosa profunda [Obras compl. III, Barcelona, 1989, p. 77])

I, encara, és aquest mateix vers de Virgili la clau de volta d'un poema on ens diu també qui era Virgili per a ell: Borges presenta aquí una concisa i eficaç definició de les arrels d'Europa i fins una personal reelaboració del «cecini pascua rura duces».
ELEGÍA

Sin que nadie lo sepa, ni el espejo,
ha llorado unas lágrimas humanas.
No puede sospechar que conmemoran
todas las cosas que merecen lágrimas:
la hermosura de Helena, que no ha visto,
el río irreparable de los años,
la mano de Jesús en el madero
de Roma, la ceniza de Cartago,
el ruiseñor del húngaro y del persa,
la breve dicha y la ansiedad que aguarda,
de marfil y de música Virgilio,
que cantó los trabajos de la espada,
las configuraciones de las nubes
de cada nuevo y singular ocaso
y la mañana que será la tarde.
Del otro lado de la puerta un hombre
hecho de soledad, de amor, de tiempo,
acaba de llorar en Buenos Aires
todas las cosas.”

(J.L. Borges, “Elegía”, La cifra [Obras completas III, Barcelona, 1989, p. 309])

1 comentari:

Anònim ha dit...

vostè fa classes de grec particulars?